Murciélagos, otra riqueza natural de México

Por desconocimiento sobre su importancia ecológica, estos mamíferos voladores son perseguidos y colocados en peligro.

Presentes en el mundo desde hace 50 millones de años, los murciélagos conforman una numerosa familia compuesta por 927 especies, de las cuales 137 habitan en México, principalmente en las tierras bajas del sureste del país, donde se concentra el mayor número de ellas, aunque también las zonas templadas del norte son hábitat de los mamíferos más pequeños del planeta.

Su presencia garantiza que bosques, selvas, desiertos y otros ecosistemas se mantengan saludables en el largo plazo, por lo que preservarlos asegura el futuro de muchas generaciones humanas, y resulta necesario derribar los mitos que se han creado alrededor de estas criaturas mediante la difusión del conocimiento sobre los servicios ambientales que prestan.

En Biodiversitas, publicación de la Comisión Nacional para el Conocimiento y Uso de la Biodiversidad,  el biólogo Oscar Sánchez* explica que de las 93 especies de murciélagos de México, cuatro están en categoría de amenazadas, 28 se catalogan como raras y una corre peligro de extinción.

Describe a los murciélagos como los únicos mamíferos que vuelan gracias a sus manos unidas por una membrana entre los largos dedos que se despliegan como abanico, lo que les permite volar tanto por espacios abiertos como por estrechos pasadizos.

Se trata, en general, de animales nocturnos de gran actividad que, sin poseer una vista privilegiada se desplazan velozmente mediante los sonidos que emiten y que rebotan en muros o en los cuerpos de sus posibles presas o enemigos, permitiéndoles ubicarlos en dimensión tridimensional, por lo que pueden desplazarse aun en la mayor obscuridad.

El aspecto extraño de los murciélagos ha suscitado historias de terror y falsas creencias sobre ellos, sobre todo por desconocimiento de su biología y ecología. Pero la ciencia ha ido desentrañando el misterio de los únicos mamíferos alados cuya diversidad responde a la capacidad adaptativa que les ha permitido sobrevivir en diferentes ambientes y climas desde el Eoceno, según los fósiles más antiguos.

De los murciélagos mexicanos se conoce que hay especies reguladoras de las poblaciones de insectos, pues se alimentan de estos y de otros invertebrados: algunos escudriñan en los troncos de los árboles para encontrarlos, los más capturan sus presas al vuelo y otros vuelan casi al ras del suelo para sorprender a artrópodos amenazantes como los escorpiones.

Para la agricultura, las grandes colonias de murciélagos, conformadas por cientos de miles de estos mamíferos voladores representan un alivio ya que salvan las cosechas de depredadores como la langosta y otros insectos.

Entre nuestros murciélagos, 22 especies han evolucionado como frugívoros y prestan un extraordinario servicio a los bosques y selvas como dispersores de semillas, ya que revolotean entre los frutales para elegir la fruta en su punto óptimo de madurez. El desarrollo de nuevas plantas no sería posible sin haber pasado por el intestino de los murciélagos, por lo que gracias a miles y miles de murciélagos se reforestan esos ecosistemas.

La dieta de doce especies más de nuestros murciélagos consiste exclusivamente en polen y néctar. Actúan como colibríes nocturnos y polinizan una gran diversidad de flora, como los agaves y cactos que han evolucionado con ellos. La simbiosis de estas especies es crucial, pues la sobrevivencia de unas depende de las otras.

Existen en México tres quirópteros carnívoros que comen pequeños vertebrados. Poseen una letal capacidad para atrapar aves, lagartijas, ranas y mamíferos pequeños que frente a la mordida de un murciélago están en franca desventaja.

Es ineludible hablar de las temibles tres especies de murciélagos hematófagos. Dos de ellas se alimentan de la sangre de las aves a las que atacan en sus nidos mientras duermen, punzándolas con sus afiladísimos colmillos en el metatarso o el trasero para luego lamer su sangre.

La tercera es más evolucionada y ataca a mamíferos mayores: tapires y reses, entre otros, a los que con sus afilados dientes arranca una porción de piel por la que chupa la sangre, tan sigilosamente que la víctima muchas veces no se da por enterada.

Conocer más de lo que concierne a los murciélagos, amigos de los ecosistemas, de la flora, de la agricultura y, por añadidura del ser humano, nos ayudará a cambiar la percepción sobre estos pequeños mamíferos y a evitar su persecución y el declive de sus poblaciones.

*Sánchez, O. 1998. Murciélagos de México, Conabio. Biodiversitas. 20:1-11.