Por: Jan Charlie
El anuncio del PRD Michoacán de que competirá solo en 2027 no es un acto de soberbia ni una bravata electoral; Es en realidad una confesión política, el partido sabe que ya no puede ganar todo, pero también sabe que todavía puede ganar algo.. y en un sistema político donde muchos sobreviven diluidos en alianzas sin identidad, eso no es poca cosa.
Hoy el PRD michoacano no aspira a ser la primera fuerza del estado, pues aspira a no desaparecer, a conservar registro, a ganar algunos municipios, a colocar diputados y a seguir siendo un actor con voz propia, en su narrativa de “renovación política y moral” busca precisamente eso, reconstruir confianza sin depender de coaliciones que lo han desgastado más de lo que lo han fortalecido.
Sin embargo, detrás del discurso de autonomía y nueva izquierda hay una verdad incómoda que el partido evita mirar de frente, el PRD actual sigue parado, en buena medida, sobre los cimientos del silvanismo, aunque nadie se atreva a decirlo en voz alta.
Silvano Aureoles fue el último gran constructor de poder real del PRD en Michoacán, Gobernó el estado, armó estructuras, formó cuadros, ganó elecciones y sostuvo al partido cuando ya estaba en caída libre a nivel nacional, sin embargo muchos de los liderazgos que hoy hablan de renovación existen políticamente gracias a esa etapa, pero negarlo es reescribir la historia.
Pero en política la gratitud dura lo que dura el poder, hoy Silvano no controla recursos, no define candidaturas y no suma votos nuevos; por el contrario, su nombre carga costos, desgaste de imagen, señalamientos públicos y una narrativa que Morena ha sabido explotar como símbolo de “lo viejo”, defenderlo ya no es rentable; mencionarlo rompe el relato de recomposición moral que el PRD quiere vender.
Por eso nadie lo reivindica, no porque no sepan lo que fue, sino porque saben lo que representa hoy… el partido ha optado por una amnesia funcional, no lo ataca, pero tampoco lo defiende, lo tolera en silencio mientras usa, sin decirlo, la estructura que dejó.
El problema es que esta contradicción limita al propio PRD, que quiere presentarse como una izquierda renovada, pero carece de una agenda programática clara, habla de historia, pero no la asume completa, y promete futuro, pero camina con pies prestados del pasado.
Jugar solo en 2027 es una decisión válida y hasta digna, pero no basta con la épica, hacen falta propuestas, liderazgos locales sólidos y una narrativa que no dependa únicamente de la nostalgia cardenista.
En números fríos, el PRD puede aspirar a entre 6 y 9 por ciento de la votación estatal, a ganar algunos municipios y a colocar una pequeña bancada en el Congreso local, eso es sobrevivir, no resurgir… y quizá hoy eso sea suficiente.
La pregunta de fondo no es si al PRD le alcanza para jugar solo, sino si le alcanza para reconciliarse con su propia historia sin quedar atrapado en ella, porque ningún partido puede reinventarse del todo mientras carga fantasmas que no se atreve a nombrar.
El PRD Michoacán no está muerto, pero tampoco ha terminado de decidir qué quiere ser; y en política, la indefinición suele ser más peligrosa que la derrota.
