El Escudo de las Américas de Trump y la Cumbre en Defensa de la Democracia dividen el mapa de alianzas en Latinoamérica y el mundo, con México y Estados Unidos marcando sus diferencias ideológicas.
En 2026, el mapa político internacional comienza a reconfigurarse con la aparición de dos bloques con visiones opuestas:por un lado, está el Movimiento en Defensa de la Democracia, al que se ha sumado México; y por el otro, el llamado Escudo de las Américas, impulsado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
En este nuevo escenario, las alianzas dejan de explicarse únicamente por la cercanía geográfica o las relaciones comerciales y pasan a definirse por afinidades ideológicas. Los países se agrupan según su postura frente a temas como el uso de la fuerza, la intervención militar y el papel del Estado en el desarrollo.
El Escudo de las Américas: la apuesta de Trump para reordenar la región
Apenas en marzo de este año, Estados Unidos fue sede del la cumbre regional del Escudo de las Américas, un encuentro con líderes latinoamericanos para fortalecer alianzas en seguridad, migración y combate al crimen organizado.
Sin embargo, para sorpresa de muchos, México no fue invitado. En cambio, los presidentes de Argentina, Javier Milei; de El Salvador, Nayib Bukele y de Chile, José Antonio Kast, sí fueron requeridos por la administración estadounidense.
Además de México, también fue notable la ausencia de Brasil y Colombia en esta cumbre, pese a ser socios estratégicos del país norteamericano.
Esta exclusión fue interpretada por analistas como un intento de actualizar la Doctrina Monroe, reafirmando el liderazgo estadounidense y creando un espacio donde se prioricen países con afinidad ideológica y estratégica con la administración Trump.
En total, fueron convocados 12 países latinoamericanos con gobiernos considerados cercanos a Washington: Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, El Salvador, Guyana, Honduras, Panamá, Paraguay, Trinidad y Tobago y Chile..
Cumbre progresista impulsa reforma de la ONU desde Barcelona
Sin quedarse atrás, el gobierno de Claudia Sheinbaum decidió formar parte de otra alianza emergente: el llamado Movimiento en Defensa de la Democracia que agrupa a líderes progresistas de distintas regiones.
Este bloque se reunió este sábado en Barcelona en la IV Cumbre en Defensa de la Democracia, encabezada por el presidente del gobierno español, Pedro Sánchez, y el mandatario brasileño Luiz Inácio Lula da Silva.
En este encuentro, una docena de presidentes y líderes progresistas coincidieron en la necesidad de pasar del discurso a la acción y plantearon una reforma de la ONU para hacerla más democrática y efectiva.
Lula da Silva advirtió que “la ONU no puede permanecer en silencio” ante guerras y crisis globales, y criticó que el organismo ha dejado de representar los principios para los que fue creado.
En la misma línea, Sánchez llamó a los gobiernos progresistas a no resignarse ante los ataques a la democracia y a actuar frente a la normalización del uso de la fuerza en la política internacional.
Entre las propuestas, se planteó que la ONU sea más representativa, incluyendo a regiones actualmente subrepresentadas en el Consejo de Seguridad, como África, una demanda respaldada por el presidente sudafricano Cyril Ramaphosa.
También se puso sobre la mesa la posibilidad de que, por primera vez, una mujer encabece la ONU, en sustitución del actual secretario general, António Guterres.
Sheinbaum impulsa postura contra intervención en Cuba
En este contexto, la presidenta Claudia Sheinbaum propuso una declaración contra cualquier intervención militar en Cuba y reiteró que el diálogo y la paz deben prevalecer en la resolución de conflictos.
La mandataria mexicana también defendió los principios históricos de la política exterior del país, como la no intervención y la autodeterminación de los pueblos.
Además, retomó su propuesta de destinar el 10 por ciento del gasto militar global a programas de reforestación, como una forma de atender las causas estructurales de la desigualdad.
El tema de Cuba fue central en la cumbre. Varios líderes respaldaron a la isla y rechazaron cualquier intervención, mientras Lula pidió el fin del bloqueo económico.
Aunque el encuentro ha sido interpretado como una respuesta a la gestión autoritaria de Trump, algunos mandatarios, como el colombiano Gustavo Petro, aclararon que se trata de construir una alternativa global y no de un frente directo contra el expresidente estadounidense.
Aun así, Lula fue contundente al rechazar el regreso de liderazgos que buscan imponer reglas unilaterales en el mundo, al señalar que “no queremos más emperadores”.
