domingo, abril 19, 2026
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Gasolina, IEPS y la ilusión del control: lo que realmente estamos pagando

Por: Jan Charlie

En México, el precio de la gasolina no solo mueve vehículos: mueve percepciones, decisiones políticas y narrativas cuidadosamente construidas, cada vez que el precio sube o se mantiene “estable”, el debate público se enciende. Sin embargo, rara vez se discute lo esencial, no cuánto cuesta la gasolina, sino cómo está construido ese precio y quién termina pagándolo realmente.

A lo largo de los años, el gobierno ha insistido en una idea poderosa: que puede controlar el precio de los combustibles. En la práctica, esto es solo parcialmente cierto, el precio internacional del petróleo y el tipo de cambio siguen siendo factores determinantes, lo que sí controla el gobierno es el impuesto: el IEPS.

Y ahí es donde empieza la verdadera historia… el IEPS no es simplemente un impuesto más, es una herramienta flexible que permite suavizar subidas, mantener estabilidad aparente y, al mismo tiempo, garantizar una fuente constante de ingresos.

En teoría, esto suena razonable, evitar “golpes” bruscos al bolsillo de la población, en la práctica, también funciona como un mecanismo político que permite administrar la percepción pública.

Porque aquí está la clave, el IEPS no se percibe como impuesto, no aparece claramente en el ticket, no se paga en una ventanilla, no genera la misma resistencia que otros gravámenes, está escondido dentro del precio, es silencioso y, por eso es tan efectivo.

Tomemos un ejemplo realista, una persona promedio que usa su auto para trayectos cotidianos —trabajo, compras, vueltas normales— puede gastar entre $600 y $1,000 pesos a la semana en gasolina, no es alguien que maneje distancias extremas, pero tampoco alguien que casi no use el coche.

Si usamos un punto medio razonable:

$800 pesos por semana

Aproximadamente 32 litros (con gasolina cerca de $24/litro)

IEPS estimado: ~$5 por litro

Esto significa:

$160 pesos de IEPS por semana

$640 pesos al mes

$7,600 pesos al año

Y esto sin que la persona lo vea, lo decida o lo cuestione directamente, ese es el verdadero poder del IEPS, no su monto… sino su invisibilidad.

Ahora bien, eliminarlo suena atractivo. La gasolina bajaría de inmediato varios pesos por litro, pero la otra cara del problema es menos popular; el gobierno perdería cientos de miles de millones de pesos, ese dinero no desaparece por arte de magia; tendría que recuperarse de otra forma, ya sea con más deuda, recortes o nuevos impuestos.

Así que la discusión real no es si el IEPS es “bueno” o “malo”, es si estamos dispuestos a enfrentar lo que implica quitarlo.

Mientras tanto, el debate público suele desviarse hacia declaraciones simplificadas, promesas optimistas o explicaciones apresuradas, no necesariamente por ignorancia, sino porque es más fácil discutir frases que estructuras complejas.

La gasolina en México no es cara solo por el mercado internacional, tampoco es barata gracias al gobierno, es el resultado de un equilibrio delicado entre ingresos fiscales, estabilidad política y percepción social.

Y en medio de todo eso, millones de personas siguen cargando gasolina cada semana, pagando miles de pesos al año en impuestos… sin siquiera notarlo.

Ese es, quizá, el dato más relevante de todos.

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